Opinión

Opinión: Asumámoslo, la TV ya no es lo que era

Crisis hay en todos lados, qué duda cabe. Pero a juzgar por las cifras versus la actitud reflejada en pantalla, en el caso de la televisión pareciera que no pasara nada. Pero internamente está pasando, y mucho. Lamentablemente, parafraseando el eslogan de la cadena CNN, esa parte de la historia no todos la están viendo.

Hoy en día, financieramente la televisión está haciendo agua. La verdad, hace mucho rato. No hay canal que no esté registrando pérdidas por varios miles de millones de pesos. El caso más bullado y extremo hasta ahora ha sido el de Televisión Nacional de Chile (TVN). El canal público venía marcando ratings irrisorios tomando en cuenta su historia de casi medio siglo (basta recordar lo que pasó el 10 de enero de 2015 cuando llegó a marcar CERO PUNTO DE RATING cerca de las 13:00 hrs.), lo que trajo como consecuencia una baja tremenda en los ingresos por publicidad, pero los costos no sólo eran los mismos, sino que además altos.

Ese fue el detonante para que en diciembre de 2017, en una sesión no exenta de polémica, finalmente el Congreso Nacional decidiera aprobar la capitalización de TVN por 65 millones de dólares (47 millones para asegurar la continuidad de las operaciones del canal y 18 millones para la creación y puesta en marcha del Canal Cultural en televisión digital anunciado por la ex-Presidenta Michelle Bachelet en su segunda administración y que claramente aún no tiene luces para cuando salir al aire), de lo contrario, el canal habría tenido que cerrar en Junio de este año.

Mega sigue liderando la industria, aunque sus ingresos ya no son tan holgados como antes, tomando en cuenta que la estación ligada al grupo Bethia ha estado últimamente “de compras”. No olvidemos que durante 2017 adquirió Radio Carolina a Grupo Dial y las radios Infinita, Romántica y Tiempo al grupo RBR, ligado a la familia del fallecido radiodifusor Ricardo Bezanilla Renovales. Esas 4 radios tienen un costo, y claramente harán sentir sus efectos en el balance final.

Chilevisión vive su propia procesión. Entre no renovar la concesión del Festival de Viña del Mar, la adquisición de los derechos de la Roja con miras a las clasificatorias del mundial de Qatar 2022 y la concesión del CDF por 15 años, los números de la estación del grupo Turner no son los mejores, al menos por ahora. Y es que la apuesta es grande, hay mucho en juego y las cifras están por verse en el corto, mediano y largo plazo.

Pero uno de los canales emblemáticos de la industria, Canal 13, tampoco lo está pasando bien que digamos.  Tras conocerse sus resultados operacionales que arrojaron una pérdida de 26.470 millones de pesos sólo durante el ejercicio 2017, la estación propiedad del empresario Andrónico Luksic no ha parado de estar en el ojo del huracán. Pero cuando se hizo pública su alianza con el grupo español Secuoya, sencillamente la caldera explotó. No porque se externalizaran servicios con una empresa extranjera, sino por lo que estaba claramente por venir: una ola de despidos masiva.

El sindicato de trabajadores del canal alzó la voz, advirtió una eventual precarización del trabajo e incluso denunció que el canal estaba llevando a cabo prácticas anti-sindicales (concretamente denunciaban que la actual administración encabezada por Javier Urrutia intentaba desconocer el convenio colectivo de trabajo actualmente vigente). Pero cuando el dueño del canal señala por redes sociales que el otrora “canal del angelito” ha perdido más de 52 mil millones de pesos en los últimos 5 años, la decisión es una sola. Porque en cualquier empresa que se precie de tal, sin las espaldas financieras suficientes, semejantes pérdidas ameritarían, mínimo, declararse en quiebra.

Y como no hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague, hoy viernes la estación despidió a 300 trabajadores, muchos de ellos con varios años de servicio, e incluso, una vida entera.

Pero como dice el dicho popular ¿de quien es la culpa? ¿del chancho o del que le da el afrecho? Y es que entre la implementación de la televisión digital abierta en el país (con el costo que ello conlleva), programas costosos y que, en algunos casos, no aportan nada, ratings bajisimos que en el mejor de los casos no superan los 20 puntos en un país donde la televisión llegó a marcar en su mejor momento entre 60 y 80 puntos de rating (arriba de 10 puntos ya es un éxito para muchos hoy en dia), una baja sostenida en publicidad en TODOS los medios de comunicación, malas decisiones editoriales, la masificación del cable e internet y el ingreso de un actor inesperado (Netflix) sencillamente formaron una tormenta perfecta de la cual los canales todavía no logran salir.

Algunos sostienen que deben volver los formatos que fueron exitosos en los 80 y 90, yo pregunto ¿con qué plata? Sin ir más lejos, TVN se la está jugando el todo por el todo con el regreso de uno de sus mejores caballitos de batalla: Rojo, y al parecer le está yendo bien, pero no con las mismas cifras de sus mejores años (sólo el debut promedió entre 12 y 13 puntos).

Desgraciadamente, una vez los trabajadores pagan los platos rotos por malas decisiones tomadas en el pasado. No avalo en absoluto los recortes de trabajadores, pero desgraciadamente, negocios son negocios. Asumámoslo: la TV ya no es lo que era. Y lo que es peor, no sabemos aún a donde irá en el futuro.

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